miércoles, 23 de diciembre de 2009

Bandera blanca

Me enteré de una situación que me aniquiló por dentro. No es algo trágico, mejor dicho, si lo es, lo es solo para mí. La verdad es que no es algo que me haya sorprendido por completo. La sorpresa fue su confirmación. Hoy me pregunto ¿Qué es peor? ¿Saberlo y sufrir? o ¿No saber y tener esa incertidumbre horrible que tampoco te deja estar tranquilo?
El primer día (el día que me enteré) fue el shock, como un baldazo de agua fría, helada, congelada mientras estás tirado al sol y tenés el cuerpo calentito. El segundo día fue como masticar clavos que nunca iba a poder digerir: fríos, duros, amargos y con horribles puntas clavándose por todos lados. El tercer y cuarto día fue repetir una y otra y otra y otra vez esa horrible y cruel frase entre sollozos, enojo, tristeza, bronca y desazón. Hoy es el quinto día, y no mejora. No lo puedo asimilar, repito esa frase y es raro pero creo que siento el dolor en el pecho, muy profundo y punzante. Quisiera que ya haya pasado un año, o dos. Pero no, la consciencia de que esto todavía tiene para rato me bajones de antemano. ¿Cuánto tiempo lleva asumir un desamor? ¿Cuánto tiempo duele? ¿Cuántas veces voy a repetir esa escena en mi cabeza? ¿Cuántas líneas tengo que escribir para vaciar todo este cúmulo de sensaciones feas que convergen en mi cabeza cuando recuerdo su nombre? ¿Cómo se pesa en una misma balanza la ilusión y la caída?
No no no, yo no soy así. Mi cabeza intenta convencerme de mi dureza y frialdad. Es todo una gran mentira. Esto me afecta y ya no sé como canalizarlo. Como dice una canción, “es el tiempo, que se puso violento”. Creo que conmigo se fue de tema, y yo ya no tengo más ganas de enfrentarlo. Bandera blanca: me rindo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario