
Todos sabemos que no es lo mismo estar solo, que sentirse solo. Esta sola a mí me gusta, pero sentirme sola, por supuesto que no.
Me da miedo que esto de sentirse solo este tan íntimamente ligado a la dependencia de otros. Si, entiendo que somos seres sociales, y que por ende, necesitamos relacionarnos con otros, pero ¿Qué pasa cuando ese otro empieza a ocupar un lugar tan alto en nuestro ranking de personas importantes que pareciera que su no existencia, (o sin ser tan trágica) su desaparición, su alejamiento o su abandono pudiera derrumbar nuestro mundo abruptamente? No quiero sonar fría, pero de verdad me asusta llegar a querer tanto a alguien, si esta puede ser una de las consecuencias.
Tal vez tiene que ver con el hecho de que suele pasarme que siento que es muy difícil que alguien me entienda. O sea, no quiero hacerme la complicada (aunque puedo serlo un poco…) pero no me refiero a que los demás no entienden porque son tontitos, sino a que no pueden entenderme completamente, como que siempre queda algo en el tintero.
Pero cuando milagrosamente casi entre luces blancas y humo, aparece alguien que parecería poder llegar a captar toda mi complejidad, escala súbitamente a los primeros puestos en la jerarquía de gente valorable. Puede parecer injusto, y probablemente lo sea, pero paralelamente hay otros esforzados trabajadores que intentando con mucho esmero llegar a la cima, lamentablemente nunca lo lograrán.
Esto me hace pensar que el tema de la soledad en muchos casos, aunque conscientemente es muy probable que nadie opte por ella, termina siendo una cuestión de elección. Esos que tan rápido ascendieron, así de rápido pueden también caer, y con ellos arrastrar toda nuestra felicidad. Y sin embargo cuando otros intentan llenar esos huecos, ya sea porque nos quieren, les importamos, o sea cual fuere el motivo, les ponemos tantas trabas en el camino que terminan por desistir.
¿Cómo se resuelve este dilema? Pienso que lo más importante es estar completo uno mismo. Es decir, que la presencia de otros en nuestra vida sea gratificante, tanto de ellos hacia nosotros, como de nosotros a ellos, pero que tengamos cuidado de no convertirlos casi en miembros de nuestros cuerpos, porque cuando un miembro falta, supongo que es muy difícil vivir sin notar su ausencia, si en algún momento estuvo ahí.
Una vez escuché a alguien que hablaba en referencia a la búsqueda de pareja, y decía que no debemos pensar en términos de encontrar a nuestra otra mitad, o como también se conoce, a nuestra media naranja. Esta persona decía que tenemos que pensar como “naranjas enteras”. Es decir, el otro te acompaña, no te completa, juntos pueden estar muy bien, pero su ausencia no te tiene que reducir.
Yo no quiero sentir que me falta un ojo. Mejor dicho, no sé si quiero darle a alguien tanta importancia, al punto que cuando no esté, sienta casi como si ya no pudiera ver bien. Ni quiero hacerle sentir eso a otro. Ojala podamos encontrar el equilibrio para que nuestras relaciones con el resto hagan grata nuestra estadía en esta tierra, cuidándonos a nosotros mismos y entendiendo como decía Kant, que somos un “fin en sí mismo”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario