Hay días que son más difíciles que otros. Esos son los que se me da por escribir.
Hay días que ocupar la cabeza en otras cosas, es casi imposible.
Parece intencional, como mostrarle a un nene un caramelo, hacérselo desear mucho, dejar que él lo persiga, pero nunca nunca permitirle que lo alcance para poder saborearlo. Mientras, alrededor, los demás comen sus caramelos, golosos ellos, ríen, festejan y no dejan de comer.
No quiero que me den los caramelos, quiero que no me gusten, porque así verlos sería no desearlos, verlos sería no sufrir por no poder tenerlos, porque así verlos sería no verlos. No quiero que no existan, quiero que existan, pero que su existencia no entorpezca la mía. Tampoco quiero vivir en armonía con ellos, me basta con saber que están, y saber que estoy, y que así es como debería ser. Porque así, así si que sería posible andar con tranquilidad, así si que me sentiría más fuerte, no lloraría por los caramelos, no me detendría en ellos, no los soñaría ni abriría mis ojos con su imagen congelada en mi mente.
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Hace 10 años
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