Después de ese día las ideas quedaron flotando desorganizadas en mi cabeza. El alboroto era tal que ni de día ni de noche lograba estabilizarlas.
Pero la sintonía de los planetas, el orden del Universo o tal vez la llegada del 2010, hizo que ese pequeño caos cerebral tome una forma un tanto más armónica, encontrándome a mí como la primera (y única) gran beneficiaria.
Ok, tampoco tengo la paz mental del Dalai Lama (si es que la tiene), pero el hecho de haber podido decirte que NO el primer día de este año, me hace sentir que arranqué con el pie correcto.
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Hace 10 años
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